|
Muchas veces al ponerme el traje, siento los poderes que él me otorga, los vibro, me transformo y llego un poco más allá que la mayoría. Claro que todo tiene su límite y aunque parezca raro, se diferenciar hasta dónde puedo llegar, a pesar de mis mil y una metidas de pata. Pero confieso que esos errores no fueron por abuso de poder, no, más bien tienen que ver con la intolerancia que reina en nuestras sociedades, con los insultos a los que uno es sometido, con las barbaries que uno presencia, con la impotencia producida por los energúmenos de siempre. Mi tarea, catalogada por muchos como “un mal necesario”, es sin dudarlo una de las más sacrificadas dentro del deporte. Porque si alguno no lo sabía, si, somos deportistas, de esos que practican toda una vida y que salvo raras ocasiones, reciben un aplauso. Aunque eso de los aplausos no entra en nuestras recompensas, es cierto que muchas veces nos sentimos orgullosos cuando nuestros propios fans nos aplauden (nuestra familia). Ellos tienen y juegan un papel muy importante dentro de nuestra profesión, sin ellos todos nuestros fracasos o triunfos caerían como un yunque sobre nuestras espaldas. Cuando cansados, agobiados, con dolores de cabeza, tristes por una mala tarde, llegamos a nuestras casas, son ellos los encargados de levantarnos la frente y decirnos a los ojos “papá, tu eres humano, también te puedes equivocar”, es entonces cuando tomamos fuerza y seguimos con nuestra pasión. Cuando contentos, radiantes, llenos de ganas de contar lo vivido, alegres por saber cumplir nuestro deber en esa tarde, llegamos a nuestras casas, son ellos los que entusiasmados, esperan nuestras palabras, nuestras anécdotas, nuestra dicha. Es que es así, de simple y de complejo, de solitario y dichoso. Este mal necesario, le da a la sociedad la oportunidad de descargar sus frustraciones, es así, asumimos nuestro papel en la sociedad, pero no podemos permitir la bajeza, la intolerancia, los abusos, los disparates, la violencia, la delincuencia, que muchas veces se ve en un encuentro deportivo. Somos, con el perdón de los profesionales en la materia, psicólogos de la sociedad. Recogemos todas sus broncas, quejas, angustias, frustraciones. Nuestros reglamentos nos otorgan poderes casi que totales, a tal punto, dentro de nuestras competiciones, de tener más poder que cualquier presidente de estado, sin embargo y como respuesta, somos el poder menos respetado, una autoridad que parece ser cuestionada ferozmente en cualquiera de nuestras decisiones. He sido protagonista de grandes batallas dentro de un terreno de juego, he visto a jugadores golpearse hasta perder la conciencia de su oponente, he presenciado parcialidades enteras golpeando a equipos contrarios, he sido testigo de parciales disparando sus armas de fuego contra la parcialidad contraria, he visto peleas de arma blanca entre parciales de distinta y de la misma institución, he vivido atropellos contra las fuerzas del orden público, he visto descargar la furia de las fuerzas del orden público contra parciales de un equipo, he presenciado ya tantos sin sentidos, que de solo recordarlos aún me provocan temblores y tristeza. Nuestro deporte, el deporte rey, mezcla de vida y magia, pudiendo destacar y hablar de grandes jugadores, de grandes jugadas o goles, de dejar correr las letras en elogios, no, tenemos que hacer un párate en este punto negro de sus facetas. Yo me pregunto ¿Por qué? Que le pasa a las personas, que le pasa al mundo, porque esto no es un mal local, no, esto es mundial, esto parece ser contagioso, se nos pega todo lo malo y generamos nuevas cosas malas para que se les pegue a los demás. Es cierto que la violencia en el deporte es difícil de controlar, pero, yo pregunto, se toman las medidas necesarias para controlarla?, y las medidas que se toman, son las correctas? En países como Argentina, los dispositivos de seguridad son muy grandes, las parcialidades son escoltadas desde su propia ciudad hasta la puerta del estadio mismo (patrulleros, motos, helicópteros), mientras se custodia, se controla. Es este método una forma de terminar con la violencia?, pues creo que no, pero por lo menos se denota un interés por tenerla controlada y llevar a los verdaderos incorregibles a la cárcel. En otros países se han endurecido las penas por violaciones a las normas del orden público en espectáculos deportivos, llegando así a disminuir el número de incidentes. Pero hay ejemplos que no me convencen, en ciertos países parece que la única forma de controlar la violencia es la de prohibir. Prohibir todo lo que pueda generar violencia o ser utilizado como acto u objeto de violencia. Un día, de lluvia intensa, tras el transcurso de un partido, un espectador lanzo un paraguas cerrado a uno de los árbitros asistentes, sin duda que este hecho es repudiable, pero considero aún más repudiable la prohibición de entrar a los campos de fútbol con paraguas, luego de aquel suceso. Otro día un furioso parcial, saco las baterías de su radio portátil y se las tiró al árbitro del partido, claro está que con la distancia la puntería puede fallar y no pudo tener tan mala suerte que le pegó en la cabeza de uno de sus propios jugadores. Desde ese día ya no se pueden llevar radios a los estadios. Hubo una época en donde las gradas y sus más aferreos seguidores se poblaron de banderas con sus astas apuntando al cielo y flameando los colores de su equipo, hasta que un día un problema entre un parcial y un agente policial se degenero en una gran batalla y las famosas astas fueron utilizadas como lanzas y palos improvisados contra la policía. Ese fue el fin de las banderas al cielo. Hace ya algunos años, me apresuraba a salir al campo y ser junto a mis colaboradores los primeros en ingresar al terreno de juego, no quería perderme ese recibimiento que le brindaba la hinchada a sus jugadores, con sus papeles, sus bombas de estruendo, sus bengalas, mezcla de carnaval y gloria, era un momento único, luces y ruido, aplausos y cánticos, sin duda que esos momentos solo se pueden vivir hoy por hoy en pocos sitios, porque desde que nos ganaron los imprudentes y los incultos, hemos perdido parte de ese momento. Ya no hay bombas de estruendo, ya no tenemos luces, porque algún temerario los uso como armas y a un inculto incapaz de controlar esa situación se le ocurrió prohibirlas para todos los eventos deportivos. Déjenme decirles una cosa, la palabra Fútbol, se escribe con mayúsculas, Fútbol es sinónimo de fiesta, pasión, identidad, gloria, eternidad, idioma, clase, deporte y humanidad. Ya no le quitemos más cosas al Fútbol y seamos más honestos con nosotros mismos, comprendamos que disfrutamos con el deporte Rey, que vibramos, sentimos lloramos y nos identificamos, pero también seamos consientes de que de nosotros mismos depende que siga siendo mágico, igualitario, captador de talentos, nexo entre la pobreza extrema y la gloria absoluta. Comprendamos que no es malo, que nos gusten otros colores, de eso se trata si no que gracia tendría un encuentro si todos pensáramos o sintiéramos igual, comprendamos que un árbitro se puede equivocar, es humano, no es que sea malo, simplemente es humano, puede tener un buen día o un mal día como cualquier jugador, pero les aseguro, salvo en raras excepciones que jamás se equivocará premeditadamente. Seamos todos un poco más tolerantes, sepamos dar a cada cosa su sitio y no utilicemos el deporte para canalizar nuestras frustraciones personales, pensemos que tenemos otros medios para encontrar la paz interior, antes de causar un daño a una persona, a una sociedad o a un deporte entero. Vamos a darnos cuenta de que una competición es solo eso, una justa para determinar quién es el mejor en ese momento en determinada disciplina justo ese día. Y no una proyección de futuro para las grandes cosas. Los triunfos vienen solos si se acompañan de trabajo, disciplina y constancia, no porque gritemos más o menos o tratemos a un niño como adulto. Los niños en edades tempranas ven en el deporte una forma de integrarse y los adultos algunos se encargan de apartarlos y tratarlos como genios. Por favor, dejen que los niños aprendan y se diviertan y sáquenle la presión de ser los mejores ante los ojos de los padres, se evitarán grandes frustraciones y por sobre todas las cosas lograran que sus hijos den lo mejor de sí, aunque no sean los mejores, aunque no destaquen, siempre es importante dar lo mejor de uno mismo antes que fingir ser quien no se es para contentar a quien no te comprende. De una vez por todas y todos juntos, Madres, Padres, Dirigentes, Entrenadores, Delegados, Árbitros, digámosle todos juntos, NO A LA VIOLENCIA, NO A LOS INSULTOS, NO A LA DISCRIMINACIÓN, NO A LA INTOLERANCIA. Y que viva el deporte por el deporte mismo. Héctor Daniel Tedesco Árbitro de Fútbol. |