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POR LA DIGNIDAD DEL ÁRBITRO Y DEL DEPORTE
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Escrito por Ángel Andrés Jiménez Bonillo   

9/Enero/2007


A todos los árbitros de España, en especial a los de fútbol:
Mi nombre es Ángel Andrés Jiménez Bonillo. Soy árbitro de
fútbol adscrito a la Delegación de la Costa del Sol (Málaga).
Me considero deportista y amante del deporte; eso sí, del auténtico deporte.
He oído muchas veces que el deporte es sanísimo, que encierra grandes
valores, que genera convivencia y respeto. Estoy de acuerdo en que eso es el
auténtico deporte, el ideal.
Debuté como árbitro el 29 de enero de 1994. Desde entonces, he sido
insultado gravísimamente en innumerables ocasiones; he sido amenazado
(incluso de muerte); he sido golpeado; me han escupido; me han roto el coche
(era de uno de mis árbitros asistentes, para ser exactos); he salido
escoltado por las Fuerzas de Orden Público como si fuese un delincuente; he
visitado hospitales y juzgados; incluso he temido por mi vida en algunas
ocasiones.
No creo que podamos decirles a las generaciones futuras que eso es deporte;
que nos hemos acostumbrado a aceptar como algo normal e inherente al propio
juego el hecho de perder el respeto debido a toda persona, también al
árbitro, por supuesto.
En mi opinión, ha llegado el momento de frenar lo que supone una violación
continuada del espíritu deportivo, de los Derechos Humanos (que tanta sangre
y tantas lágrimas costó conseguir) y de la propia Constitución Española
(artículo 20.4). Nos echamos las manos a la cabeza ante los insultos
racistas (como debe ser), pero nadie se acuerda de los árbitros.
Como diría el gran Martin Luther King, "tengo un sueño": ir con mis sobrinos
a ver un partido de fútbol y no tener que avergonzarme de las faltas de
respeto de unos seres humanos hacia sus semejantes (porque los árbitros y
los jugadores también son seres humanos, que nadie lo olvide).
Mi pasividad y silencio ya no volverán a ser colaboradores de esta triste
realidad. Por eso yo, desde hace varias jornadas, antes de comenzar mis
partidos comunico a delegados y entrenadores que lo más importante es que no
se pierda el respeto a nadie (hablo también del insulto, por supuesto, ya
sea a los propios árbitros o a cualquier otra persona), ya que la dignidad
del ser humano no debe buscarse (parafraseando al gran Gandhi) a través de
ningún camino, sino que ella es el camino. En consecuencia, si algún
espectador transgrede esta norma fundamental de convivencia (pagar una
entrada no da derecho a acabar con los derechos de los demás), trataré por
todos los medios a mi alcance (ayuda de los delegados, de los entrenadores,
de las Fuerzas de Orden Público—si las hay—, de los jugadores...) de que la
situación vuelva a la normalidad; pero si eso acaba resultando imposible,
decretaría la suspensión definitiva del encuentro.
Animo a todos a que procedáis de la misma manera. No creo que podamos hacer
un regalo mejor al deporte que el hecho de que vuelva a ser eso: deporte. No
debe asustarnos la dificultad del camino, sino la trascendencia del
objetivo. Algún día el propio deporte, en boca de tantos niños y niñas que
empiezan a dar sus primeros pasos, nos dará las gracias. Igual que nosotros
agradecemos la lucha de nuestros antepasados cuando depositamos nuestros
votos en las urnas o acudimos al médico de la Seguridad Social.